Explorando Ciudades Fortificadas

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Explorando Ciudades Fortificadas

Asilah, Arcila, se encuentra a poco más de 40 km. de Tánger. Esta ciudad, puerto pesquero, de pequeño tamaño con su puertas y ventanas en colores azules, verdes y amarillas que contrastan bajo el brillante sol marroquí con el blanco de las paredes esconden en su interior un rico

pasado histórico ya que fue habitada por romanos, españoles y portugueses cuyos vestigios aún pueden admirarse en baluartes, torres y murallas. Su historia se remonta a 3.600 años de antigüedad siendo quizá una de las más importantes de la ‘Mauritania Tingitana’, sin embargo su actual denominación Asilah la recibió durante el período de islamización de la ciudad. Unida a su importancia histórica esta ciudad ha destacado siempre por su cultura y sus artes, de hecho, el Festival Internacional de Asilah atrae cada verano a miles de participantes de todo el mundo.Son puntos de interés especial la antigua medina, Bab el Kasbah, Bab Labhar, Bab Ihoumer, la plaza de Torre kmra y el Palacio de la Cultura, antigua residencia del Bajá Raissuni.

Azemmour 2019

Azemmour, A 100 km. al sur de Casablanca, aparece Azemmour rodeada de murallas de color ocre. En su paseo de ronda, una pequeña plataforma domina la desembocadura de las aguas rojizas del Oum er-Rabia, famoso por sus deliciosas alosas, la especialidad culinaria local. La medina es soberbia con sus casas blancas y cuadriculadas adornadas de buganvillas que se escalonan en terrazas entre olivos y granados. Más abajo se encuentra el santuario de Moulay Abdallah Ben Ahmed en cuyas puertas se descubre el estilo luso. A la izquierda, paseando se alcanza la Kasbah con la Dar El Baroud, la Casa de la Pólvora. Su playa, Haouzia, a kilómetro y medio del centro, ofrece una gran atracción y un verdadero placer, porque su temperatura ideal y sus frescos veranos hacen de esta playa una estación balnearia única en el mundo.

El Jadida, considerado como el mejor abrigo de toda la costa atlántica El Jadida fue duramente disputado a los portugueses que lo tuvieron que abandonar en 1769. Durante la ocupación lusa se denominó Mazagao y obtuvo ese aspecto que la caracteriza de ciudad medieval típicamente portuguesa. Doscientos años más tarde la villa es liberada bajo el reinado del soberano Alauita Sidi Mohamed Ben Abdellah convirtiéndose ya en El Brija El Jadida, la nueva fortaleza. Sus murallas ofrecen un mágnifico paseo panorámico y cada uno de sus cinco bastiones proporciona una vista única sobre el puerto, los fosos, las casas apiñadas y la mezquita con su minarete blanco. Resulta fastinante su aljibe portugués de 1.100 mt. cuadrados, donde el agua y la luz ponen de relieve una sorprendente arquitectura gótica.

Safi, Esta ciudad fortificada debe sus murallas al reinado de los Almohades, período en el que se desarrollaron ampliamente las actividades intelectuales, religiosas, arquitectónicas, artísticas y científicas aunque obras tan importantes como la Zaouia de Cheikh Mohamed Saleh, la escuela científica y el hospital fueron destruidas posteriormente por los portugueses por lo que es imposible contemplarlas. Con la salida de los lusos en 1541 Safí volvió a vivir un período de prosperidad bajo el reinado del Sultán Saadiano Mohamed Cheikh, aún se conservan obras magníficas como la Gran Mezquita de la Medina, las escuelas religiosas y científicas y la reconstrucción de la antigua medina. Además de visitar la Medina y las murallas son de interés también el castillo del mar, construido por los portugueses en 1523, la antigua Kasbah construída por los Saadianos con sus tejados verdes y el Palacio de la Bahia, la torre redonda lusa, la Colina de los Alfareros donde los artistas moldean originales piezas de arcilla, la antigua medina, la iglesia portuguesa de estilo gótico y la antigua Medersa.

Essaouira es una preciosa ciudad amurallada del siglo XVIII. La antigua Mogador fue fundada en el siglo VII a.d.C. bajo el reinado de Jubal II, rey de Mauritania. La parte moderna de la ciudad se remonta al año 1765 cuando el Sultán Si Mohamed Ben Abdellah la creó para competir con Agadir. Este encantador puerto, resguardado por unas sólidas murallas con vistas a una paradisíaca playa de fina arena, da vida a una ciudad de una intensa vida comercial de la que no han podido retraerse personalidades de la talla del escritor Paul Claudel o el cineasta Orson Welles, que filmó en este lugar los exteriores de su popular Otelo. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato alauita, une los muelles con la ciudad y abre paso a la Skala del puerto y a las murallas, que segmentan la ciudad vieja en barrios, alcazabas, el Mellah y la medina. Esta última, moldeada por marroquíes y lusos, mira atentamente hacia las intrincadas callejuelas que desembocan en la Plaza Bab

El-Sebaa. Los joyeros y los orfebres se concentran en el callejón Siaguin, aunque ya no trabajan los materiales que antaño les hicieran famosos. Sin embargo, los artesanos de marquetería siguen hallándose en el mismo sitio que desde hace siglos, el lugar al que se accedía atravesando un pasadizo abovedado viniendo desde la Skala, la antigua plataforma de defensa de las murallas. No muy lejos de este punto se emplaza el Museo Sidi Mohamed Ben Abdallah, en una antigua residencia palaciega que alberga las más variadas muestras del arte marroquí. Al norte de la ciudad se encuentra el Mellah o barrio judío, demarcado por un mercado que termina en la puerta de Bab Dukkala. Su playa se extiende sobre 6 km. de arena fina y es frecuentemente visitada por los amantes de la pesca ya que sus aguas son ricas en cangrejos, langostas, congrios y rayas, entre otras especies.

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